PIEDRA MÁGINA
Mónica es una
niña muy creativa, le encanta divertirse con sus primos en las vacaciones de
verano que suelen pasarlas con sus abuelitos. El lugar es muy encantador para
la niña Mónica, pues era perfecto para su inmensa imaginación. A Mónica y a sus
primos les gustaba mucho pasar las tardes en la playa, pero no era cualquier
playa. Era un lugar lleno de piedras mágicas, cada una los lavaba a un lugar
especial, dónde podían vivir grandes aventuras.
La piedra
rosada, encontrada por su primo mayor, en la última vez que estuvieron ahí, los
llevó a un viaje lindo. La piedra era una llave para un otro mundo, dónde había
animales hablantes y sabios, que más perecían personas que animales. La
floresta era llena de árboles gigantes que hablaban y se movían. Pero, era un
lugar dominado por una bruja mala que se apoderó del lugar y aprisionaba a todos.
Al llegar a ese lugar, Mónica y sus primos se dieron cuenta que eran vistos
como héroes, capaces de salvar a todos de las manos de la bruja mala. El tiempo
en ese lugar era otro, una tarde en la playa equivalía a meses en este mundo
mágico. Mónica se sentía valorada e importante por tener la posibilidad de
ayudar a alguien. Además, se sentía feliz y especial por poder vivir y
compartir eses momentos con sus queridos primos.
Después de
algunos días, en este mundo mágico y ya cumplido su misión, Mónica y sus primos
retornan a la playa de las conchas y deciden usar otra piedra, la de color azul.
Era una llave para otro mundo, en que era posible andar sobre el agua, volar y
viajar en grandes agilas juntos con sus primos por varias partes del mundo. Era
muy divertido, juntos disfrutamos momentos de intensa complicidad y compañerismo.
En ese mundo, las personas vivían en comunidad, en pequeñas villas y dónde hacían
sus rituales festivos, con mucha música y danza. Nosotros nos divertíamos, al
mismo tiempo que disfrutábamos del cariño y del amor de las familias que ahí estaban.
Cada viaje era intenso y nos unía cada
vez más.
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