La Luz

 Alberto estaba en el cementerio, solo, cerca del ataúd de su hermana. Cancro. Ella era la última persona cerca de él. En el camino de casa el pasaba por los coches, personas, tiendas, casas, predios; pero no los apercibía, eran solo formas, masas amorfas sin sentido intrínseco.

Paró de pensar, solo andaba, comía, analizaba las finanzas de otras personas. Cuando volvía a su casa, vía las noticias: amenazas de guerra, un país infringía derechos humanos, otro puso sanciones, debates en el Congreso sobre la retirada de tropas, un senador hablando en a favor de protecciones para comunidades LGBT, otro congresista argumentando que protecciones contra el calentamiento global dañarían su comunidad, una película recibió dos indicaciones al Oscar. Cuando iba para su cama, sus memorias de Irak eran más frecuentes que cualquier otra cosa, al contrario de lo que había dicho a su hermana, nunca las había superado.

Todas sus memorias, realizaciones sobre el mundo, dolores y sedaciones se acumularon por algunas semanas. Hasta que tuvo un sueño.

Alberto andaba, en línea reta y sin parar, en una floresta con árboles alejados, azulada por la luz de la luna, hasta que llegó al fin, y miró abajo. Del abismo, surgió una luz brillante, confortante, que habló con él.

“Desde el inicio de las sociedades ustedes intentan en vano descubrir un motivo para todo esto, ideología, religión, patrias. Pero todas son creadas por seres imperfectos y, por lo tanto, son imperfectas, y en vez de generar conforto, solo generan más caos y destruición. ¿Cuanta arrogancia es necesaria para que un ser tan insignificante en relación a la magnitud del Universo pueda pensar que pudo comprender infinitud dentro de su propia finitud? Milênios de pensamentos y pensadores no descubrieron lo antídoto del sufrimiento común, porque razón el podría ser descubierto algún día? Si la vida es hecha de caos, sin garantía de felicidad, ni posibilidad de mudanza concreta, no sería la única salida el no-vivir?”

Esas últimas palabras hacían eco en la cabeza de Alberto, tal vez por 10 segundos, tal vez por cinco horas. El se acercó más aún del abismo.

Y despertó.

Continuó su rutina como en los otros días, pero siempre pensando en lo que la Luz lo había dicho. Cuando volvía del trabajo, pasó por la ponte vacía. No había nadie cerca. Ele subió en el parapeto, miró abajo, imaginando la Luz y lo que ella lo había dicho, concordando con todo.

Y entonces Alberto comprendió. Y con una sonrisa, se alejó del abismo. Riendo bajo hasta llegar a su casa.

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